Nietzsche: La insólita defensa de un ideal humanista
En contraposición con su extremado elitismo, en
momentos excepcionales Nietzsche defendió un ideal de vida próximo a la forma particular
de cristianismo en que inicialmente había sido educado, un cristianismo similar
hasta cierto punto al del propio Jesús según la interpretación que hizo Nietzsche
de tal personaje. El ideal de vida que aquí defiende fue el de una especie de cristianismo
ideal y sin dios, ligado sencillamente a
la aceptación de la vida sin resentimiento
alguno y ligado igualmente al amor al prójimo. Esta
perspectiva, tan alejada de su tradicional elitismo y de su posterior defensa
de la esclavitud en su sentido más duro, aparece en un texto de Aurora, del año 1881, y resulta
sorprendente por la defensa de unos valores muy alejados de los que habitualmente
presenta en su defensa de la moral de señores.
Escribe Nietzsche en este sentido:
“¡Vivir
sin fama, o siendo objeto de amistosas burlas, demasiado oscuramente para
despertar la envidia y la enemistad, armado de un cerebro sin fiebre, de un
puñado de conocimientos y de un bolsillo lleno de experiencia; ser, en cierto
modo, el médico de los pobres de espíritu; ayudar a éste o al otro [...] sin
que el favorecido advierta que se le ayuda. ¡Ser como una posada modesta, abierta
a todos, pero que se olvida en seguida o inspira burlas! ¡No aventajar en nada,
ni en alimentación mejor, ni en aire más puro, ni en espíritu más alegre, pero
dar siempre, devolver, comunicar, empobrecerse! ¡Saber hacerse pequeño para volverse
accesible a muchos, sin humillar a nadie! ¡Tomar sobre sí muchas injusticias
[...] para poder llegar, por sendas secretas, a lo más íntimo de muchas almas
cerradas! ¡Eso sería una vida, eso sería una razón para vivir mucho tiempo!”[1].
Conviene puntualizar que, cuando
Nietzsche se refiere a ese “cristianismo auténtico”, su punto de vista resulta
demasiado condescendiente con la idea tradicional que se tiene de Cristo,
olvidando que este personaje –real o imaginario-, a pesar de haber defendido el
amor y la misericordia hacia el prójimo, es el mismo que aparece también en diversos
pasajes del Nuevo Testamento
condenando al fuego eterno a quien no crea en su palabra o no la lleve a la
práctica. Es verdad, por otra parte, que en otros momentos Nietzsche fue consciente
de estos otros aspectos contradictorios del Jesús evangélico y, por ello mismo,
manifestó también su repudio contra el propio Jesús de manera categórica,
especialmente en El Anticristo.
Es realmente extraña
la presencia de este ideal de vida en la obra de Nietzsche, especialmente pues
se presenta de forma casi aislada si no tenemos en cuenta los escasos momentos
en los que defiende a los trabajadores frente al capitalismo que les convierte
en simples “tornillos de una máquina”, perteneciente también a Aurora.
Hay apenas hay algún otro pasaje que contenga ideas parecidas a las de éste,
tan contrario y tan alejado de su elitismo aristocrático que resulta difícil
imaginar que fuera una misma persona quien escribió este pasaje de Aurora, de 1881, y los de Más allá del bien y del mal, IX, 258 y
259, del año 1886.
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