viernes, 25 de febrero de 2022

 

Nietzsche: La insólita defensa de un ideal humanista

 

 

 

En contraposición con su extremado elitismo, en momentos excepcionales Nietzsche defendió un ideal de vida próximo a la forma particular de cristianismo en que inicialmente había sido educado, un cristianismo similar hasta cierto punto al del propio Jesús según la interpretación que hizo Nietzsche de tal personaje. El ideal de vida que aquí defiende fue el de una especie de cristianismo ideal y sin dios, ligado sencillamente a la aceptación de la vida sin resentimiento alguno y ligado igualmente al amor al prójimo. Esta perspectiva, tan alejada de su tradicional elitismo y de su posterior defensa de la esclavitud en su sentido más duro, aparece en un texto de Aurora, del año 1881, y resulta sorprendente por la defensa de unos valores muy alejados de los que habitualmente presenta en su defensa de la moral de señores. Escribe Nietzsche en este sentido:

 “¡Vivir sin fama, o siendo objeto de amistosas burlas, demasiado oscuramente para despertar la envidia y la enemistad, armado de un cerebro sin fiebre, de un puñado de conocimientos y de un bolsillo lleno de experiencia; ser, en cierto modo, el médico de los pobres de espíritu; ayudar a éste o al otro [...] sin que el favorecido advierta que se le ayuda. ¡Ser como una posada modesta, abierta a todos, pero que se olvida en seguida o inspira burlas! ¡No aventajar en nada, ni en alimentación mejor, ni en aire más puro, ni en espíritu más alegre, pero dar siempre, devolver, comunicar, empobrecerse! ¡Saber hacerse pequeño para volverse accesible a muchos, sin humillar a nadie! ¡Tomar sobre sí muchas injusticias [...] para poder llegar, por sendas secretas, a lo más íntimo de muchas almas cerradas! ¡Eso sería una vida, eso sería una razón para vivir mucho tiempo!”[1].

Conviene puntualizar que, cuando Nietzsche se refiere a ese “cristianismo auténtico”, su punto de vista resulta demasiado condescendiente con la idea tradicional que se tiene de Cristo, olvidando que este personaje –real o imaginario-, a pesar de haber defendido el amor y la misericordia hacia el prójimo, es el mismo que aparece también en diversos pasajes del Nuevo Testamento condenando al fuego eterno a quien no crea en su palabra o no la lleve a la práctica. Es verdad, por otra parte, que en otros momentos Nietzsche fue consciente de estos otros aspectos contradictorios del Jesús evangélico y, por ello mismo, manifestó también su repudio contra el propio Jesús de manera categórica, especialmente en El Anticristo.

Es realmente extraña la presencia de este ideal de vida en la obra de Nietzsche, especialmente pues se presenta de forma casi aislada si no tenemos en cuenta los escasos momentos en los que defiende a los trabajadores frente al capitalismo que les convierte en simples “tornillos de una máquina”, perteneciente también a Aurora. Hay apenas hay algún otro pasaje que contenga ideas parecidas a las de éste, tan contrario y tan alejado de su elitismo aristocrático que resulta difícil imaginar que fuera una misma persona quien escribió este pasaje de Aurora, de 1881, y los de Más allá del bien y del mal, IX, 258 y 259, del año 1886.

 



[1] A, V, parág. 449.

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