lunes, 7 de marzo de 2022
Nietzsche: Civilización y “mala conciencia”. Los comienzos del psicoanálisis.
En GM II 16 Nietzsche habla de nuevo acerca del origen de la “mala conciencia” o sentimiento de culpa, pero dando un sentido distinto a sus reflexiones acerca de esta cuestión e introduciendo planteamientos que abren las puertas al psicoanálisis desarrollado poco después por S. Freud. Escribe en este sentido:
“La mala conciencia es la más profunda dolencia a que tenía que sucumbir el hombre bajo la presión [...] de aquella modificación ocurrida cuando el hombre se encontró definitivamente encerrado en el sortilegio de la sociedad y de la paz” .
Es decir, la aparición de la civilización ha llevado consigo la represión de los instintos que guiaban la vida del hombre de modo espontáneo, tal como siguen guiando al resto del mundo animal. En la civilización el hombre ha tenido que sustituir la espontaneidad del instinto por la razón y la “conciencia”, “su órgano más miserable y más expuesto a equivocarse”, no por iniciativa personal propia, pero sí por exigencias de la vida en sociedad. A pesar de todo aquellos instintos han seguido manteniendo sus exigencias, y, en consecuencia,
“todos los instintos que no se desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro” .
Como puede comprenderse fácilmente, con estas y con muchas otras reflexiones Nietzsche se adelantó al psicoanálisis de Freud, considerando que la civilización sólo fue posible mediante una represión de los instintos protagonizada por el yo consciente, que los habría reprimido hacia el inconsciente.
Tiene especial interés reconocer a Nietzsche -como el propio Freud hizo- haberse adelantado al fundador del psicoanálisis en la introducción de estas ideas esenciales de la doctrina psicoanalítica, como en especial la que hace referencia al inconsciente y a su enorme poder sobre la conciencia. En este sentido, en Así habló Zaratustra Nietzsche se anticipó a la doctrina central del Psicoanálisis relacionada con la dualidad del psiquismo humano, el inconsciente, al que Nietzsche se refirió con el término “Selbst” -Sí-mismo-, y la conciencia, a la que se refirió con el término “Ich” -yo-. Por su parte, Freud se refirió a estos mismos conceptos con los términos “Es” -ello- para referirse al inconsciente, e “Ich” -yo-, para referirse a la conciencia. Resulta sorprendente el uso idéntico del término “Ich” en Nietzsche y en Freud, sobre todo si se tiene en cuenta que Freud negó haber leído a Freud antes de haber construido sus teorías acerca del Psicoanálisis.
Además de referirse a esta dualidad del psiquismo humano, Nietzsche señaló igualmente el enorme poder del inconsciente sobre la conciencia, del ello sobre el yo, tal como se refleja en el siguiente pasaje y que posteriormente también Freud reconoció. Escribe Nietzsche:
“Hermano mío, detrás de tus ideas y sentimientos se oculta un poderoso señor, un sabio desconocido. Se llama Sí-mismo [Selbst]. Reside en tu cuerpo, es tu cuerpo.
Más razón hay en tu cuerpo que en tus pensamientos más sabios.
[……………………]
Tu Sí-mismo [Selbst] se mofa de tu yo [Ich] y de sus vanidosas piruetas. “¿Qué son para mí esos saltos y esos vuelos del pensar?”, llega a preguntarse. “No son sino rodeos hacia algún fin. Pues yo soy las andaderas del “yo” [Ich], y el apuntador de su pensar” .
La represión de los instintos habría provocado el desarrollo del mundo interior que, en un principio, apenas había tenido importancia. La organización del Estado, a través de las penas, se protegía contra los viejos instintos de la libertad y ello determinó el desarrollo de las diversas formas de represión o, con palabras del propio Nietzsche, que
“todos aquellos instintos del hombre salvaje, libre, vagabundo [...] se volviesen contra el hombre mismo” ,…
…haciendo que la “mala conciencia” surgiese en el poseedor de tales instintos: El hombre, aprisionado por las estructuras sociales, y “domesticado” por ellas “fue el inventor de la ‘mala conciencia”. Con ella se introduce la dolencia más siniestra,…
…“el sufrimiento del hombre por el hombre mismo: resultado de una separación violenta de su pasado de animal, [...] resultado de una declaración de guerra contra los viejos instintos en los que hasta ese momento reposaban su fuerza, su placer y su fecundidad” .
Por su parte Freud consideró que el origen de la mala conciencia debió de encontrarse en una estructura mucho más simple que la del Estado y juzgó que se encontraba en la organización social más simple, la familia, y más concretamente en la superación del complejo de Edipo: el hijo superaba el complejo de Edipo convirtiéndose en cierto modo en su propio padre al que admiraba identificándose con él a través de la formación de la estructura psíquica del super-yo, que determina que, a fin de que el hijo superase el “enamoramiento” surgido respecto al padre, asumiese sus valores “identificándose” con él.
Entre estos planteamientos parece que el punto de vista de Freud se acerca a una interpretación más correcta que el de Nietzsche, al margen de que su teoría acerca del complejo de Edipo y, más concretamente, la idea del enamoramiento respecto al padre no parezca especialmente clara.
En cualquier caso, parece que el origen de la mala conciencia no debió de encontrarse en una estructura social tan moderna como el Estado sino en una más primitiva en la que la convivencia entre sus miembros debió de funcionar de algún modo no por el simple temor a la agresión recíproca entre ellos sino por una asimilación de los valores comunes que la hacían posible, en cuanto, al ser el hombre una realidad social -como ya dijo Aristóteles-, la necesidad de sentirse aceptado socialmente debió de influir de manera importante en la represión de aquella libertad, de aquella espontaneidad instintiva y de aquella agresividad inocente de que habían estado gozando los “señores” de la antigüedad, que agredían a los débiles como las grandes aves rapaces a los corderos.
Nietzsche se sentía muy insatisfecho con el triunfo de los “esclavos” y de su moral, introducida por la “nobleza sacerdotal”, y tenía el deseo y la esperanza de que se diera un nuevo enfrentamiento entre señores y esclavos, de manera que tal insatisfacción influyó en su esperanza de que vinieran tiempos mejores en los que, gracias al superhombre o gracias a la “aristocracia” al menos esa parte de humanidad, gracias a un proceso de “transvaloración”, conseguiría suprimir el sistema de valores -o “antivalores”- de la “moral de esclavos” y recuperaría la libertad en un regreso a la vida de acuerdo con la naturaleza, a una vida situada en la inocencia más absoluta y pura, sin la represión de la civilización actual, sin un Estado opresor. Por ello, consideró que la situación en aquellos momentos había de significar la aparición de…
…“algo nuevo, profundo, inaudito [...] y lleno de futuro, […] Desde entonces el hombre cuenta entre las más [...] inesperadas jugadas que juega el ‘gran niño’ de Heráclito [= el tiempo] [...] como si con él se anunciase algo [...] como si el hombre no fuera una meta, sino sólo un camino, un incidente, un puente, una gran promesa” …
… cuya realidad lo sería el superhombre, que, entre otras cosas, debía significar el retorno a la naturaleza y a la liberación de los instintos frente a su represión ejercida por la presión de la sociedad civilizada y del Estado, que habrían sido en definitiva la causa principal del desarrollo de la mala conciencia.
El final de este pasaje, con su alusión al superhombre, Nietzsche expresa su deseo de que el hombre tome conciencia de lo que ha perdido con la civilización actual, junto con la institución del Estado, opresor de la espontaneidad instintiva de un pasado remoto, y recupere la libertad y una transvaloración mediante la que se superen los valores opresivos de la “moral de esclavos”, vigentes ya demasiado tiempo y tan contrarios a una valoración positiva de la vida.
Posteriormente tanto Freud como Marcuse defendieron un punto de vista bastante similar al de Nietzsche, indicando que la civilización había venido acompañada por la represión de los instintos. En Eros y civilización (1955) Marcuse se planteó de manera especial el problema de cómo conseguir una sociedad en la que la represión de los instintos fuera sólo la estrictamente necesaria para mantener la civilización.
En GM II 17 Nietzsche se sigue centrando en el estudio de los orígenes de la mala conciencia y considera que inicialmente se presentó como…
…“sana coacción, una inevitable fatalidad, contra la cual no hubo lucha y ni siquiera resentimiento” ,
y, en segundo lugar, que…
…“el ‘Estado’ más antiguo apareció […] como una horrible tiranía, como una maquinaria trituradora y desconsiderada, y continuó trabajando de ese modo hasta que aquella materia bruta hecha de pueblo y de semianimal” [acabó] “por tener también una forma” ,...
…la de las estructuras del Estado.
Con la palabra “Estado” Nietzsche se refiere a…
…“una horda cualquiera de rubios animales de presa, una raza de conquistadores y de señores, que, dotados de fuerza para organizar,”…
… somete a una población informe.
Pero este punto de vista resulta discutible, pues, en primer lugar, parece que antes de la existencia del Estado debieron de existir organizaciones sociales más sencillas, como la familia, el clan o la tribu, que pudieron determinar la aparición de la mala conciencia antes de la aparición del Estado. Y, en segundo lugar, Nietzsche defiende aquí que las “estructuras del Estado” fueron creadas por aquella nobleza “hecha de pueblo y de semianimal”, que no se caracterizaba por su inteligencia sino por su fuerza bruta y su espontaneidad instintiva, no sometida a otra norma que a la de su propia brutalidad y libertad. Pero una cosa es considerar que un grupo de hombres fuertes conquistase a otro más débil, y otra cosa muy distinta es suponer que tales “animales de presa” fueran luego los organizadores del Estado que posterior-mente llegaría a formarse, pues son bastantes las ocasiones en que el pueblo conquistador, dotado básicamente de “fuerza bruta”, posteriormente es conquistado desde el punto de vista de las instituciones y de la cultura por el pueblo vencido, como sucedió en cierto modo en el caso de Roma respecto a Grecia, y en el caso posterior de los pueblos invasores del imperio romano res-pecto a ese mismo imperio. Además, parece un contrasentido que, habiendo atribuido la inteligencia y la astucia no a la nobleza guerrera sino a la nobleza sacerdotal, adoctrinadora de la “plebe”, luego considerase que fue la nobleza guerrera, ésa que no tenía escrúpulo alguno a la hora de asesinar o violar y que no se caracterizaba precisamente por su inteligencia, la que crease las diversas estructuras del Estado. Pero, además, mientras la nobleza guerrera se había caracterizado por su espontaneidad vital, ligada a sus instintos no reprimidos, no parecía muy coherente que fuera ella la que posteriormente se encargase de establecer las normas que determinaban precisamente la represión de tales instintos, de sus propios instintos. Si acaso y aceptando los supuestos doctrinales de Nietzsche, parece, por el contrario, que pudo haber sido la nobleza sacerdotal, creadora de la “moral de esclavos”, la que debió de crear también la mayor parte de las estructuras del Estado y, entre ellas, la serie de normas represivas que propiciaron la aparición de la mala conciencia.
Complementariamente, en estas mismas páginas el pensador alemán criticó de manera más convincente las doctrinas de Rousseau acerca del “contrato social” como origen del Estado, entendiendo que éste no dependió de un contrato, sino que fue el resultado de una imposición de los vencedores sobre los vencidos. Estos organizadores no tenían ningún tipo de sentimiento de culpa ni de responsabilidad; como artistas, se sentían justificados en su “obra”. Pero la “mala conciencia” no habría surgido sin ellos, pues, por su violencia, “un ingente quantum de libertad fue arrojado del mundo”. En definitiva, ese instinto de libertad reprimido, que acaba por descargarse contra sí mismo, habría sido el origen de la mala conciencia, la cual no habría surgido a partir de la pena recibida sino de la represión de los instintos ejercida por el Estado, que impuso a la masa sus normas represoras.
No obstante y a pesar de lo dicho, Nietzsche indica un poco más adelante que el Estado fue una condición para la aparición de la mala conciencia, pero no la más importante, pues ésta se encontraba en el hombre reactivo. Para introducir este nuevo especto de su interpretación criticó a quienes buscaban el origen de la moral en el terreno del resentimiento. Señala en este sentido que, según Dühring, el origen de la justicia se encontraría en el sentimiento reactivo, pero él considera, por el contrario, que fue la propia justicia, introducida por el hombre activo, la que finalmente fue capaz de destruir el sentimiento reactivo: El hombre activo -el noble- estaría siempre más cerca de la justicia que el hombre reactivo -el esclavo, la plebe-. Por ser el más fuerte y el más noble (!), habría poseído también un ojo más libre, una conciencia más buena (!) mientras que el hombre reactivo -el hombre del resentimiento- habría sido el introductor de la “mala conciencia”:
“El hombre activo, el hombre agresivo, asaltador, está siempre cien pasos más cerca de la justicia que el hombre reactivo; cabalmente él no necesita en modo alguno tasar su objeto de manera falsa y parcial, como hace, como tiene que hacer, el hombre reactivo. Por esto ha sido un hecho en todos los tiempos que el hombre agresivo, por ser el más fuerte, el más valeroso, el más noble, ha poseído también un ojo más libre, una conciencia más buena, y, por el contrario, ya se adivina quién es el que tiene sobre su conciencia la invención de la «mala conciencia», –– ¡el hombre del resentimiento!” .
Comentario crítico: 1) Respecto a la cuestión de la procedencia de la justicia, criticando a E. Dühring, considera Nietzsche que ésta no procedería del hombre reactivo sino del hombre activo, “por ser el más fuerte, el más valeroso, el más noble, ha poseído también un ojo más libre, una conciencia más buena”, pero frente a tal argumento hay que decir que este punto de vista es criticable en cuanto valora como más noble o más buena -valoración moral antes criticada por él (!)- a la clase de los señores que a la de la plebe por el hecho de que la primera se caracterizaría por su espontaneidad en sus tropelías y en sus brutalidades contra la plebe, mientras que ésta se caracterizaría por el resentimiento. Pero además Nietzsche parece confundir la justicia ideal platónica con la hipócrita justicia real, tan alejada de aquella justicia platónica, de manera que, aceptando incluso que el hombre activo hubiera tenido “un ojo más libre, una con-ciencia más buena” que el hombre reactivo, habría que replicar que para establecer esa clase de “justicia” tan injusta que funciona en nuestra civilización no era necesario recurrir a la “conciencia más buena” del hombre activo sino que, por el contrario, era más lógico atribuir su origen a la inteligencia y a la astucia del hombre reactivo y, más concretamente, a la nobleza sacerdotal.
2) Al parecer, la simpatía que Nietzsche tenía hacia la “aristocracia” le impidió reconocer que el resentimiento de quienes hubieran sido agredidos tenía una explicación igual de natural y lógica que la conducta brutal de los nobles, y, por ello, defendió aquí un maniqueísmo absurdo, considerando a los nobles -el hombre activo- como los buenos y a los esclavos -el hombre reactivo- como los malos.
3) Además, no se detuvo a pensar que ese hombre reactivo no tenía por qué serlo indefinidamente, sino que, en cuanto hubieran cesado los motivos de su resentimiento, su comportamiento llegaría a ser tan natural y espontáneo como el del noble, pero además con la ventaja añadida de las cualidades psíquicas que Nietzsche le había atribuido. Sin embargo, dejándose llevar de sus preferencias particulares, consideró que el hombre reactivo -el hombre del resentimiento- no habría podido fundar la justicia (acuerdos, leyes, compromisos, paz, orden), por estar guiado por el resentimiento y por su carácter vengativo, y así, el hombre activo habría sido el fundador de la ley, y, a través de ésta, de la justicia.
Pero, frente a este punto de vista, resulta difícil de creer que quienes, llevados de su espontaneidad vital, “disfrutan la libertad de toda constricción social” y disfrutaban cometiendo una…
…“serie abominable de asesinatos, incendios, violaciones y torturas con el desenfado, la alegre despreocupación de quien no ha cometido más que una simple travesura” ,…
…fueran luego los creadores y los guardianes de aquellas instituciones y leyes que representaban un freno y una represión de sus instintos y de su libertad, renunciando a su feliz espontaneidad e imponiendo normas para el funcionamiento más ordenado de la sociedad, teniendo en cuenta además que era la nobleza sacerdotal y no la guerrera la que estaba especialmente dotada de cualidades como la de la inteligencia, aptas para lograr objetivos como ése.
Parece, pues, que el criterio de Nietzsche fue exageradamente simplista al considerar que “el hombre reactivo”, el hombre guiado por el resentimiento, habría de vivir permanentemente en tal situación y sería incapaz de actuar creando las instituciones del Estado, a pesar de que tales instituciones serían muy positivas para él, pues era quien gozaría especialmente de su protección frente a la agresividad gratuita de los “fuertes”. Para la nobleza guerrera, sin embargo, tales instituciones iban a representar una fuerte represión de su espontaneidad instintiva, por lo que no parece que tuvieran motivos especiales para crearlas.
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