lunes, 7 de marzo de 2022

Nietzsche: Justicia y Derecho. Comentario crítico En GM II 11 Nietzsche presenta el punto de vista según el cual el origen de la justicia y del derecho no proceden del hombre reactivo, sino del hombre activo, pues la justicia y el derecho, aunque tengan un valor convencional, establecen reglas para la convivencia, superando los sentimientos reactivos propias de la plebe y de su “moral de esclavos” para imponerles freno y para obligar a un compromiso. Es decir, que, según Nietzsche, era más esencial poner freno a los “sentimientos reactivos” de la plebe que poner freno a la serie de barbaries que habían provocado tales sentimientos. Pero este punto de vista no parece muy razonable, pues, en cuanto considera que el origen del derecho se encontraría en el hombre activo, habría que preguntarle: ¿Qué motivo pudo haber llevado al hombre activo a crear una institución que implicaba una gran cantidad de restricciones a la anterior libertad absoluta de que gozaba, derivada de su fuerza frente al “débil”? ¿En qué podía beneficiarle la nueva situación? No era la nobleza guerrera la que salía más beneficiada del establecimiento del derecho y la justicia, sino que lo era la nobleza sacerdotal, que además poseía la capacidad intelectual necesaria para crear tales instituciones. Tanto la nobleza sacerdotal como la plebe conseguían mediante estas instituciones jurídicas, librarse, al menos en parte, de la dura opresión ejercida contra ellos por la nobleza guerrera. Por ello, parece más lógico suponer que en esta tarea debió de ser mucho más importante su labor que la de la nobleza guerrera, al margen de que a la hora de presionar para el establecimiento de las diversas leyes la nobleza sacerdotal no lo hiciera de manera desinteresada, buscando el bien de todos, sino tratando de favorecer de manera especial sus propios intereses, del mismo modo que lo había hecho con la creación de la “moral de esclavos”, que era una moral para la plebe, pero no para la nobleza sacerdotal -al margen de que esta apreciación coincida o no con la defendida por Nietzsche-. Indica a continuación que “Sólo a partir del establecimiento de la ley […] existen lo ‘justo’ y lo ‘injusto’ [...] No tiene sentido hablar de lo justo e injusto en sí” , y en esta consideración acierta, en cuanto la defensa de “lo justo en sí” o la de “lo bueno en sí” no tiene sentido, pues todos esos valores lo son de manera relativa: Justo en relación con lo que hayamos asumido -o se nos haya impuesto- como tal en las reglas de juego de la convivencia, y bueno, como diría Spinoza, en relación con aquello que deseamos. Considera Nietzsche que “En todos los lugares donde se ha ejercido justicia, donde se ha mantenido justicia, vemos que un poder más fuerte busca medios para poner fin, entre gentes más débiles, situadas por debajo de él […], al insensato furor del resentimiento, en parte quitándoles de las manos de la venganza el objeto del resentimiento, en parte colocando por su parte, en lugar de la venganza, la lucha contra los enemigos de la paz y del orden” . Es decir, desde su punto de vista habrían sido los fuertes -el hombre activo- quienes habrían establecido la justicia a fin de superar la absurda resolución de conflictos mediante actos de venganza, derivados del resentimiento, propio de la “moral de esclavos”. En estas consideraciones llama especialmente la atención que Nietzsche afirme que los nobles tomaron la iniciativa de establecer la “justicia” como un modo de luchar contra la absurda venganza, o “contra los enemigos de la paz y del orden”. Pero resulta asombroso que desde su propia descripción de los “nobles” olvidase que debido a su fuerza éstos habían sido los enemigos más acérrimos de la paz y del orden, por lo que muy escaso valor podía tener para ellos establecer la “justicia” como un modo de resolver conflictos. Indica además que “el hombre activo, el hombre agresivo, asaltador, está siempre cien pasos más cerca de la justicia que el hombre reactivo […] El hombre agresivo, por ser el más fuerte, el más valeroso, el más noble, ha poseído también un ojo más libre, una conciencia más buena” . Pero en estas consideraciones Nietzsche olvida, en primer lugar, que desde sus mismos planteamientos al margen de la moral no tiene sentido afirmar que el hombre activo posee “una conciencia más buena”, pues esta afirmación no parece tener otro valor que el de carácter moral. Además, aunque el hombre activo hubiera tenido “una conciencia más buena” en cualquier otro sentido de la expresión, esto no sería una razón que demostrase que él hubiera sido el creador de la justicia, pues para crear esa justicia tan especialmente injusta no hacía falta precisamente estar en posesión de “una conciencia más buena” sino todo lo contrario y tener la suficiente inteligencia y astucia para instaurarla en la sociedad, lo cual pudo suceder especialmente a medida que la “nobleza sacerdotal”, apoyada en la adoctrinada plebe, venció a la “nobleza guerrera”. Conviene tener en cuenta además la diferencia entre la justicia en un sentido intuicionista, la justicia como conjunto de normas convencionales establecidas de acuerdo con el interés común de la sociedad o, más exactamente, con el interés de la clase dominante. Acerca de la “justicia platónica” sólo puede decirse que se trata de una expresión vacía de contenido, pues la justicia, como ya indicó el mismo Epicuro, es siempre convencional. En este mismo sentido escribe Nietzsche: “Hablar en sí de lo justo y lo injusto es algo que carece de todo sentido; en sí, ofender, violentar, despojar, aniquilar no pueden ser naturalmente «injustos» desde el momento en que la vida actúa esencialmente, es decir, en sus funciones básicas, ofendiendo, violando, despojando, aniquilando, y no se la puede pensar en absoluto sin ese carácter” . En consecuencia, acerca de la justicia hay que decir que nunca se ha buscado por su mediación el bien común de la sociedad sino que en todo momento se ha favorecido con sus leyes los intereses de la clase dominante. Lo mismo hay que decir respecto a su valoración del derecho, oponiéndose a cualquier tipo de intuicionismo jurídico o moral, de manera que su punto de vista es similar al que ya Epicuro había defendido, entendiendo que las diversas virtudes no tenían ningún valor en sí mismas sino un carácter convencional, o también al defendido igualmente por Hobbes y por Spinoza, identificando el derecho con el poder. En este sentido, adoptando un punto de vista idéntico, afirmó: “Sólo creemos en el derecho basado en el poder” . Al afirmar igualmente que “la vida actúa esencialmente [...] ofendiendo, violando, despojando, aniquilando...”, su observación fue acertada en todos los niveles biológicos, incluido el humano, pues lo que expresaba no era otra cosa que el hecho de la “lucha por la vida”, afirmada antes por Darwin. Y por ello consideró igualmente que las situaciones de derecho son situaciones de excepción que están subordinadas a la finalidad de la creación de unidades mayores de poder. Indica igualmente que… …“Un orden de derecho pensado […] como medio contra toda lucha en general, acaso con arreglo al esquema comunista de Dühring, según el cual cada voluntad debe considerar a cada voluntad como su igual, sería un principio antivital […], un camino hacia la nada” . Y, en efecto, tanto este pasaje como el que se refiere a la afirmación del carácter inevitable de la explotación tienen como fundamento sólido el de la lucha por la vida, de manera que en este punto habría una oposición radical entre Marx, que estaba convencido de que la explotación desaparecería finalmente con la revolución comunista, y Nietzsche, que entiende que la lucha por la vida implica el carácter inevitable de la explotación, y que tanto la equivalencia entre derecho y poder como la experiencia de cómo funciona en la práctica el derecho positivo conducen a pensar que, efectivamente, éste sigue representando, aunque de manera disfrazada, un instrumento más al servicio de la misma lucha por la vida, que favorece con sus leyes a quienes se encuentran en posesión de mayor poder y sólo ocasionalmente a los más débiles, de manera que, siendo consecuente con el hecho de la “lucha por la vida”, considera po En GM II 11 Nietzsche presenta el punto de vista según el cual el origen de la justicia y del derecho no proceden del hombre reactivo, sino del hombre activo, pues la justicia y el derecho, aunque tengan un valor convencional, establecen reglas para la convivencia, superando los sentimientos reactivos propias de la plebe y de su “moral de esclavos” para imponerles freno y para obligar a un compromiso. Es decir, que, según Nietzsche, era más esencial poner freno a los “sentimientos reactivos” de la plebe que poner freno a la serie de barbaries que habían provocado tales sentimientos. Pero este punto de vista no parece muy razonable, pues, en cuanto considera que el origen del derecho se encontraría en el hombre activo, habría que preguntarle: ¿Qué motivo pudo haber llevado al hombre activo a crear una institución que implicaba una gran cantidad de restricciones a la anterior libertad absoluta de que gozaba, derivada de su fuerza frente al “débil”? ¿En qué podía beneficiarle la nueva situación? No era la nobleza guerrera la que salía más beneficiada del establecimiento del derecho y la justicia, sino que lo era la nobleza sacerdotal, que además poseía la capacidad intelectual necesaria para crear tales instituciones. Tanto la nobleza sacerdotal como la plebe conseguían mediante estas instituciones jurídicas, librarse, al menos en parte, de la dura opresión ejercida contra ellos por la nobleza guerrera. Por ello, parece más lógico suponer que en esta tarea debió de ser mucho más importante su labor que la de la nobleza guerrera, al margen de que a la hora de presionar para el establecimiento de las diversas leyes la nobleza sacerdotal no lo hiciera de manera desinteresada, buscando el bien de todos, sino tratando de favorecer de manera especial sus propios intereses, del mismo modo que lo había hecho con la creación de la “moral de esclavos”, que era una moral para la plebe, pero no para la nobleza sacerdotal -al margen de que esta apreciación coincida o no con la defendida por Nietzsche-. Indica a continuación que “Sólo a partir del establecimiento de la ley […] existen lo ‘justo’ y lo ‘injusto’ [...] No tiene sentido hablar de lo justo e injusto en sí” , y en esta consideración acierta, en cuanto la defensa de “lo justo en sí” o la de “lo bueno en sí” no tiene sentido, pues todos esos valores lo son de manera relativa: Justo en relación con lo que hayamos asumido -o se nos haya impuesto- como tal en las reglas de juego de la convivencia, y bueno, como diría Spinoza, en relación con aquello que deseamos. Considera Nietzsche que “En todos los lugares donde se ha ejercido justicia, donde se ha mantenido justicia, vemos que un poder más fuerte busca medios para poner fin, entre gentes más débiles, situadas por debajo de él […], al insensato furor del resentimiento, en parte quitándoles de las manos de la venganza el objeto del resentimiento, en parte colocando por su parte, en lugar de la venganza, la lucha contra los enemigos de la paz y del orden” . Es decir, desde su punto de vista habrían sido los fuertes -el hombre activo- quienes habrían establecido la justicia a fin de superar la absurda resolución de conflictos mediante actos de venganza, derivados del resentimiento, propio de la “moral de esclavos”. En estas consideraciones llama especialmente la atención que Nietzsche afirme que los nobles tomaron la iniciativa de establecer la “justicia” como un modo de luchar contra la absurda venganza, o “contra los enemigos de la paz y del orden”. Pero resulta asombroso que desde su propia descripción de los “nobles” olvidase que debido a su fuerza éstos habían sido los enemigos más acérrimos de la paz y del orden, por lo que muy escaso valor podía tener para ellos establecer la “justicia” como un modo de resolver conflictos. Indica además que “el hombre activo, el hombre agresivo, asaltador, está siempre cien pasos más cerca de la justicia que el hombre reactivo […] El hombre agresivo, por ser el más fuerte, el más valeroso, el más noble, ha poseído también un ojo más libre, una conciencia más buena” . Pero en estas consideraciones Nietzsche olvida, en primer lugar, que desde sus mismos planteamientos al margen de la moral no tiene sentido afirmar que el hombre activo posee “una conciencia más buena”, pues esta afirmación no parece tener otro valor que el de carácter moral. Además, aunque el hombre activo hubiera tenido “una conciencia más buena” en cualquier otro sentido de la expresión, esto no sería una razón que demostrase que él hubiera sido el creador de la justicia, pues para crear esa justicia tan especialmente injusta no hacía falta precisamente estar en posesión de “una conciencia más buena” sino todo lo contrario y tener la suficiente inteligencia y astucia para instaurarla en la sociedad, lo cual pudo suceder especialmente a medida que la “nobleza sacerdotal”, apoyada en la adoctrinada plebe, venció a la “nobleza guerrera”. Conviene tener en cuenta además la diferencia entre la justicia en un sentido intuicionista, la justicia como conjunto de normas convencionales establecidas de acuerdo con el interés común de la sociedad o, más exactamente, con el interés de la clase dominante. Acerca de la “justicia platónica” sólo puede decirse que se trata de una expresión vacía de contenido, pues la justicia, como ya indicó el mismo Epicuro, es siempre convencional. En este mismo sentido escribe Nietzsche: “Hablar en sí de lo justo y lo injusto es algo que carece de todo sentido; en sí, ofender, violentar, despojar, aniquilar no pueden ser naturalmente «injustos» desde el momento en que la vida actúa esencialmente, es decir, en sus funciones básicas, ofendiendo, violando, despojando, aniquilando, y no se la puede pensar en absoluto sin ese carácter” . En consecuencia, acerca de la justicia hay que decir que nunca se ha buscado por su mediación el bien común de la sociedad sino que en todo momento se ha favorecido con sus leyes los intereses de la clase dominante. Lo mismo hay que decir respecto a su valoración del derecho, oponiéndose a cualquier tipo de intuicionismo jurídico o moral, de manera que su punto de vista es similar al que ya Epicuro había defendido, entendiendo que las diversas virtudes no tenían ningún valor en sí mismas sino un carácter convencional, o también al defendido igualmente por Hobbes y por Spinoza, identificando el derecho con el poder. En este sentido, adoptando un punto de vista idéntico, afirmó: “Sólo creemos en el derecho basado en el poder” . Al afirmar igualmente que “la vida actúa esencialmente [...] ofendiendo, violando, despojando, aniquilando...”, su observación fue acertada en todos los niveles biológicos, incluido el humano, pues lo que expresaba no era otra cosa que el hecho de la “lucha por la vida”, afirmada antes por Darwin. Y por ello consideró igualmente que las situaciones de derecho son situaciones de excepción que están subordinadas a la finalidad de la creación de unidades mayores de poder. Indica igualmente que… …“Un orden de derecho pensado […] como medio contra toda lucha en general, acaso con arreglo al esquema comunista de Dühring, según el cual cada voluntad debe considerar a cada voluntad como su igual, sería un principio antivital […], un camino hacia la nada” . Y, en efecto, tanto este pasaje como el que se refiere a la afirmación del carácter inevitable de la explotación tienen como fundamento sólido el de la lucha por la vida, de manera que en este punto habría una oposición radical entre Marx, que estaba convencido de que la explotación desaparecería finalmente con la revolución comunista, y Nietzsche, que entiende que la lucha por la vida implica el carácter inevitable de la explotación, y que tanto la equivalencia entre derecho y poder como la experiencia de cómo funciona en la práctica el derecho positivo conducen a pensar que, efectivamente, éste sigue representando, aunque de manera disfrazada, un instrumento más al servicio de la misma lucha por la vida, que favorece con sus leyes a quienes se encuentran en posesión de mayor poder y sólo ocasionalmente a los más débiles, de manera que, siendo consecuente con el hecho de la “lucha por la vida”, considera po

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