sábado, 30 de agosto de 2008

DETERMINISMO

DETERMINISMO

Antonio García Ninet
Doctor en Filosofía

Decían Sócrates, Platón y Aristóteles que nadie elige el mal voluntariamente; decía Spinoza que entre dos bienes elegimos el mejor y entre dos males el menos malo; decía Hobbes que uno es libre en cuanto elige lo que quiere, pero que está determinado en cuanto no puede elegir su propio querer sino que éste es una simple manifestación de su naturaleza y del estado en que se encuentre en el momento de cada elección. Estas opiniones han sido compartidas por filósofos y pensadores como Leibniz, Hume, Schopenhauer, Nietzsche, Freud, Russell, Einstein, Wittgenstein, A.J. Ayer, G. Ryle, J. Austin, etc.
Pero, dejando a un lado argumentos de autoridad, yo le preguntaría al articulista que defiende el "libre albedrío" a qué se refiere con la unión de esas dos palabras o con la simple palabra "libertad": Si mediante el término "libertad" quiere referirse a la capacidad de hacer aquello que se quiere, efectivamente ese término tiene sentido y efectivamente el hombre es libre siempre que pueda hacer aquello
que quiere. Pero el problema viene después, el problema -o, mejor, la solución del problema- viene cuando uno se plantea cuál es la causa de que uno elija determinado objetivo y no otro. Podría responderse que la causa se encuentra en la propia libertad, pero eso sería hablar por hablar en cuanto nadie elige querer lo que quiere: Nadie elige que le guste comer carne en lugar de cobre sino que elige comer carne porque previamente siente que le gusta. Por eso el asno de Buridán en teoría se habría muerto de hambre si no hubiese tenido motivos para elegir un montón de paja en lugar del otro. Como decía Aristótels, estamos determinados por el bien, sea real o aparente. Y, por ello, habría que decir que entre determinismo y azar no hay término medio, pues el pretendido "libre albedrío", como capacidad para actuar en
cualquier sentido absolutamente imprevisible e independiente de la propia naturaleza, sería equivalente a la capacidad para liberarse del determinismo, pero no implicaría otra cosa que la caída en el mundo del azar, como sucede con el planteamiento de Popper en "Sobre nubes y relojes".
Cada uno puede preguntarse si cuando adopta una decisión -supuestamente libre- lo hace por algún motivo o lo hace sin motivo alguno: Si lo hace por algún motivo es evidente que es el motivo el que determina su decisión, mientras que si lo hiciera sin motivo alguno, su comportamiento sería resultado del funcionamiento de un azar irracional. Pero nadie considera que los conceptos de libertad y azar sean sinónimos. Si alguien pretendiese que la libertad consiste en la capacidad para hacer o no hacer caso del motivo, en tal caso se le podría pedir que reflexionase acerca de si el no hacer caso del motivo obedecía a algún nuevo motivo o no. Si se debiera a algún motivo, de nuevo nos encontraríamos ante la determinación de la decisión respecto a ese motivo anterior, mientras que la ausencia de motivo
implicaría la presencia del azar, pero no la de una absurda libertad.
Evidentemente, el determinismo del comportamiento humano es incompatible con las valoraciones morales absolutas y, por ello, el ser humano es tan poco responsable de sus actos como lo pueda ser una bomba del daño que pueda causar o como pueda serlo una serpiente del daño y de la muerte de la víctima de que se alimenta.

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